Suplementos Alimenticios

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Suplementos Alimenticios

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Morales MF* – ene 2016

El artículo 215 de la Ley General de Salud define a los suplementos alimenticios como “Productos a base de hierbas, extractos vegetales, alimentos tradicionales, deshidratados o concentrados de frutas, adicionados o no, de vitaminas o minerales, que se puedan presentar en forma farmacéutica y cuya finalidad de uso sea incrementar la ingesta dietética total, complementarla o suplir algún componente”.

El objetivo de los suplementos alimenticios, también llamados suplementos dietéticos o nutricionales, es aportar los nutrientes que pueden no ser consumidos en cantidades suficientes. Los suplementos alimenticios pueden ser vitaminas, minerales, aminoácidos, ácidos grasos y otras sustancias que se presentan en forma de píldoras, comprimidos, cápsulas, líquidos, etc. Están disponibles en diversas dosis y combinaciones diferentes. Sin embargo, solo se necesita una cierta cantidad de cada nutriente para que nuestro cuerpo funcione correctamente, por lo que cantidades más elevadas no tienen por qué ser necesariamente mejores. En dosis elevadas, algunas sustancias pueden tener efectos adversos y llegar a ser perjudiciales.

Muchos suplementos contienen ingredientes activos que producen fuertes efectos biológicos en el cuerpo. Esto podría volverlos peligrosos en algunas situaciones y podrían perjudicar o complicar su salud. Por ejemplo, las siguientes acciones podrían traer consecuencias nocivas para la salud:

• Combinar suplementos o usarlos con medicamentos, ya sean recetados o de venta libre, por sus posibles interacciones

• Reemplazar medicamentos recetados por suplementos ya que es poco probable que un suplementos tenga algún efecto farmacológico

• Excederse en la cantidad de algunos suplementos, como vitamina A, vitamina D y hierro, que tienen límites superiores a partir de los cuales pueden ser tóxicos.

Algunos suplementos también pueden producir efectos indeseados antes, durante y después de una cirugía. Durante la consulta médica debe informarse al médico qué suplementos se están tomando, algo que muchas personas no hacen pensando que esa información no es de valor.

La expectativa de la población es grande y esta situación suele ser aprovechada por los fabricantes para enfatizar y a veces exagerar el efecto esperado, algo que es contrario a las regulaciones. Los suplementos no deben hacer afirmaciones tales como “reduce el dolor de la artritis” ni “sirve para el tratamiento de las enfermedades cardíacas.” Estas afirmaciones sólo pueden hacerse de manera legítima para los medicamentos.

Los suplementos tampoco sustituyen una dieta sana y equilibrada. Una dieta que incluya suficientes frutas, verduras, cereales integrales, un aporte adecuado de proteínas y grasas saludables, normalmente proporciona todos los nutrientes necesarios para una buena salud.

Por supuesto hay situaciones en las que muchas personas podrían beneficiarse de tomar un suplemento, especialmente por su contenido de algunas vitaminas o minerales en particular, tales como:

• Los vegetarianos estrictos, que no comen ningún producto animal, y que podrían realizar dietas poco variadas

• Las mujeres que están embarazadas o que están buscando quedar embarazadas

• Mujeres que están lactando

• Las mujeres que tienen menstruaciones abundantes y que no requieran tratamientos médicos específicos

• Las mujeres post menopáusicas y que no requieran tratamientos médicos específicos

• Las personas que han sido sometidas a una cirugía de derivación gástrica con el objeto de bajar de peso.

• Las personas que tienen una afección médica que afecta la manera como el cuerpo digiere o absorbe los alimentos; por ejemplo una enfermedad gastrointestinal.

Dado que en general no son aprobados por el gobierno en cuanto a seguridad y eficacia antes de ser comercializados, ya que se los considera productos de venta libre, el consumidor tiene que recordar que puede no tener ningún efecto, e incluso puede contener cantidades no significativas de la sustancia por la cual se lo vende.

Lo único que revisan las autoridades es la inocuidad, es decir que en las cantidades esperadas de consumo no produzca daños. Los suplementos alimenticios no sirven para prevenir, curar ni tratar alguna enfermedad.

Conclusiones

No debería usarse los suplementos nutricionales sin antes consultar con su médico, quien evaluará cada caso en particular realizando pruebas bioquímicas de ser necesario ante un paciente con un probable déficit mineral o vitamínico.

Deberíamos tener precaución con publicidades engañosas donde se anuncia, muchas veces de forma sutil, que un suplementos nutricional previene o cura una enfermedad. Igualmente la oferta de productos supuestamente “naturales” no significa que sean inocuos.

Muchas veces estos suplementos tienen un costo elevado, que resulta innecesario ya que encontramos en un dieta sana y equilibrada todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita.

*María Florencia Morales es Médica cursante de la carrera de Médicos Especialistas en Nutrición.

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