Reducción Sodio

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COPAL (ALAIAB)
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Reducción Sodio

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Schindler A* – Octubre 2015

La disminución en el consumo de sal de la población general y no sólo en los hipertensos se plantea como una de las estrategias sanitarias más costo efectivas en la prevención de las Enfermedades Crónica no Transmisibles (ECNT) como son las enfermedades coronaria cardíaca, cerebrovascular y renal.

Se estima que en Argentina una persona consume diariamente un promedio entre 11 a 12 g de sal/día, el doble de la meta de 5 a 6 g/día aconsejada como saludable por varias instituciones incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS), situación similar a la que se observa en toda la región. Dado que las costumbres culinarias actuales determinan que gran parte de lo consumido provenga de alimentos procesados, la reducción del agregado de sal en la mesa familiar no resultaría suficiente para alcanzar el objetivo planteado. Esta realidad vuelve necesaria la implementación de políticas que alienten cambios saludables en el sistema productivo.

En este sentido, está en marcha un programa del Ministerio de Salud junto al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, y los principales representantes de la industria de alimentos incluyendo la Coordinadora de la Industria de Productos Alimenticios (COPAL), la Unión de la Industria Cárnica Argentina y las Cámaras Argentina de la Industria de Chacinados y Afines (CAICHA), de Industriales de Productos Alimenticios (CIPA) y el Centro de la Industria Lechera (CIL).

Este programa contempla una reducción voluntaria paulatina (de forma tal que los cambios en el sabor no resulten en una pérdida de ventas del producto) y monitoreada multisectorialmente ( de forma tal que se cumplan las modificaciones por las partes comprometidas sin promover una competencia injusta) , del contenido de sodio en la elaboración de productos alimenticios, incluyendo en la planificación actual a los cárnicos y sus derivados, farináceos, sopas, aderezos y conservas, con la posibilidad de agregarse más a futuro.

Esta clase de estrategias resulta admirable si se logra un cumplimiento uniforme y adecuado por las empresas productoras, porque la cantidad ingerida resulta limitada por la realidad ofrecida, en concreto, del producto a consumir. Sin embargo este tipo de planteos no deben ir en detrimento de la educación poblacional de pautas saludables. Este abordaje, que debe darse en conjunto, puede generarse sin necesidad de campañas extras, mejorando la comunicación de beneficios nutricionales en el envasado.

Para promocionar un alimento dado como “bajo en sodio” el Código Alimentario Argentino, en su artículo 1379 establece que este debe presentar entre 40 y 120 mg del mineral en cuestión cada 100 g de producto listo para consumir, mientras que aquellos que se enuncien como “muy bajos en sodio” deben presentar menos de 40mg/100 g. Si bien esta información es obligatoria para todos aquellos alimentos que sean vendidos en el mercado como “dietéticos” respecto al sodio, la exigencia de esta categorización explícita (bajo/muy bajo) en la rotulación no es extensiva a todos los productos en general.

En la actualidad numerosos productos que son efectivamente bajos en sodio desaprovechan este “plus” saludable que podrían tener en relación a sus competidores al no ser ofertados al mercado de esa forma. A modo de ejemplo, para un mismo tipo de galletitas dulces, como son las clásicas pepas, algunas marcas ofrecen variedades que consignan 0 mg de sodio en su información nutricional, mientras que otras presentan más de 200mg por porción y sin embargo, la mejoría en el aporte de las del primer grupo no es debidamente resaltada en el packaging para facilitar la elección de los consumidores.

Un estímulo que impulse a destacar en el envase el bajo contenido de sodio en todos los alimentos industrializados que tengan esta característica podría contribuir a que los consumidores se orienten hacia las opciones con menor contenido sódico, generando de esta forma un beneficio directo sobre los consumidores y también, a más largo plazo, a partir de optimizar diferencias competitivas, un viraje de la industria hacia

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